A la sombra ciega de proyectos de otros, seguimos viviendo bajo el espejo idealizado de la realidad, tras la imagen predispuesta, disconformes con el reflejo de lo que quieren que seamos.
No somos más que sus nuevas marionetas, somos los cables que conectan sus luces, somos la máquina predispuesta a iluminar, apuntando a donde nos convenzan que lo hagamos. Seguimos siendo la luz del mundo, mas la luz que ilumina en pro de planes ajenos.
Poco sabemos que sus planes, menos aún del proceso para el fin. Enceguecidos al punto de no querer saber, de no querer actuar, de preferir la muerte en vida a la revolución, y ver la revolución como la blasfemia de la sociedad, como el fin a evitar, la anarquía.
Eventualmente nos damos cuenta de lo que acontece, vivimos así porque así lo preferimos, fuimos criados bajo el concepto de la no-protesta y de la no-molestia. Como sociedad hemos llegado al nivel vergonzoso y despreciable de dejarnos ser las marionetas, y considerarnos lo que nos han inculcado por años, agujeros negros de ideas, focos que reciben y asimilan la verdad sólo por el milisegundo en que se abstraen de esta pantalla, solo para volver a la muerte, a veces física, pero casi siempre mental.

